SUEÑO Y SILENCIO, LUJOS CAROS Y DESEADOS DE LA ACTUALIDAD.

Actualmente la tecnología y los estereotipos han funcionado como herramientas para empresas que venden el concepto de felicidad como si se tratara de un producto innovador, perfecto y moderno. Cuerpos esculturales, autos último modelo y smartphones inteligentes son ofrecidos como necesidades que deben cubrirse si las personas desean ser completamente felices.


Pero ello ha propiciado que se convierta en un lujo carísimo aquello que sí es realmente necesario para que el ser humano sea feliz, es decir el sueño y el silencio.

Hoy día, por ejemplo, existe una confusión acerca de la importancia que tiene el acto de dormir. Durante muchos años en el ámbito empresarial y laboral mundial se tenía la creencia de que conciliar el sueño por pocas horas era sinónimo de éxito y crecimiento. Por el contrario, no ocurría lo mismo con individuos que dormían lo adecuado, ya que incluso se les consideraba flojos u ociosos porque dejaban de ser productivos para su propio bien monetario.
Y no hay error más grande que menospreciar el sueño. Recientemente estudios científicos han demostrado que dormir poco es dañino para la salud. Las personas empiezan a desarrollar enfermedades, insomnio y estrés, entiéndase malestares que afectarán su vida diaria con pésimo desempeño laboral, dificultades de convivencia con su entorno y aceleración de afectaciones físicas o del organismo. En un futuro será más costoso atender las consecuencias de un problema que en la actualidad ya es valorado como tema de emergencia e inicia a tener soluciones que son exclusivas de quienes poseen capital para pagarlas.
Tan relevante es en cuestión de atención física y mental que ha impactado el caso japonés del fenómeno llamado Inemuri, que consiste en permitir al empleado dormir en el trabajo haciéndole sentir que así demuestra ser responsable y competitivo, sin embargo, no resuelve de fondo el verdadero conflicto, que es conciliar el sueño con cantidad y calidad positivas. Es aquí cuando también entra lo fundamental del silencio.
Además de haber inculcado la idea de que dormir menos y trabajar más era signo aspiracional, la industrialización moderna a través de grandes corporaciones moldeó al empleado y al trabajador como un ente que debía acostumbrarse al ruido, a la presión y la inmediatez en entrega de resultados. Los ambientes laborales, lejos de motivar y olvidándose de garantizar la salud, han afectado la estabilidad emocional de personas que se ven obligadas a comer a deshoras, a angustiarse por conservar su empleo y a limitar sus actividades fuera de horario laboral.
Así, además de conciliar el sueño por breves periodos de tiempo, el ser humano se va a la cama con un cúmulo de elementos negativos que le impiden gozar de buena calidad para dormir. A las altas horas de la noche, por si fuera poco, distractores como redes sociales, series de televisión y cuestiones climatológicas orillan a que los ojos tarden en cerrarse. En las grandes ciudades se suman factores de inestabilidad como el caos vial, la transportación y la inseguridad.
¿Entonces qué pasa después?
Pasa que los individuos aceptan con naturalidad percibir al sueño como un enemigo o un servicio fuera de sus capacidades, así que recurren a llenar ese hueco con la satisfacción de adquirir un nuevo celular, el gadget de moda, prendas de temporada o algún aparato electrodoméstico que quizá no requiere.
Por eso es que dormir bien se ha convertido en un lujo y motivo de preocupación. La fundadora del Huffington Post, Arianna Huffington, como parte de una indicación médica que le fue dada, ha recalcado de manera reiterada que es importante respetar el sueño con ocho horas diarias. En su libro The Sleep Revolution pronostica que los rooms para siesta serán habituales en oficinas corporativas.
Asimismo, en las primeras dos décadas del siglo XXI, surgió el boom de productos y servicios orientados a procurar el sueño. Existen sitios como spas que cobran por minuto de sueño para quienes ya no aguantan tener los ojos abiertos. También se han creado "retiros de sueño” para tomar terapias de dormir. De igual forma ha aparecido el "performance bedding", tecnología del descanso. Poco a poco van en auge los salones de sueño basados en los tradicionales salones de belleza, pero la diferencia radica en la acción de dormir.
Pero la calidad del sueño también tiene que ver con el silencio. ¿Sabías que Finlandia se ha consolidado como un gran centro de atracción turística porque ofrece el silencio como su principal cualidad? Y es porque los finlandeses comprendieron que el ruido de urbes y ritmo acelerado de vida de sociedades modernas son incomodidades de las que mucha gente huye, por lo que están dispuestos a pagar lo que sea con tal de relajarse en paz, en aislamiento y sin presiones de ningún tipo.
Junto al sueño, el silencio es un servicio caro, porque cada vez son menos los rincones del planeta que lo garantizan gracias a que están libres de urbanización e industria. No en balde, habitantes de grandes ciudades planean sus vacaciones o inversión de ahorros para adquirir una propiedad en destinos que les brindan la tranquilidad que no tienen en sus lugares de residencia.
Sueño y silencio se han transformado en dos artículos deseados y cotizados al grado de ser valuados como lujosos, pero en los que vale la pena invertir desde corto a largo plazo porque dormir bien, tarde o temprano, es algo que exigirá la salud física y mental.

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